Día completo

astirHace unos días que no escribo… bastantes ya. No es porque no haya cosas que decir, que las hay, pero esto de volver a ser persona no es tarea fácil. Además basta con un telediario para poder despotricar a diestro y siniestro o para echarse a llorar al ver como sacan a un bebé chino de una… Todavía no tengo fuerzas para eso. Pero como algunas van recuperándose las empleo en cuanto tengo la oportunidad en dejar este planeta un rato.

Así que el otro día me plantearon un vuelo en velero. Sí, no todos los veleros tiene velas y flotan en el agua. Algunos van más lejos y lo hacen a alturas donde el oxígeno falta. Como os podéis imaginar no me lo pensé.

Cuando llegamos al aeródromo el cielo estaba bastante cubierto y aunque hacía viento para intentar hacer un vuelo de ladera, las nubes estaban tan bajas que decidimos esperar. Para hacer tiempo, el compi con el que fuí decidió acercarnos a un campo próximo donde guarda su CT y traerlo a Fuentemilanos para entretenernos un rato. Ahí donde lo véis es un ultraligero. Esto de los ultraligeros ha cambiado mucho desde que empezaron. En concreto este tiene más prestaciones que muchas avionetas y con el que te puedes cruzar España en una mañana. De hecho tiene hasta piloto automático y algo que no tiene ningún otro avión… flaps negativos! Perplejo estaba! Qué es eso de flaps negativos? pregunté… – espera que te los pongo… ya verás. En ese momento veo que el anemómetro se dispara alcanzando los 220 km en menos que lo escribo.

ct

Ultraligero CTsw de origen checo

Si os digo la verdad a mí me faltaban ojos para mirar a todo. Hace mucho que no vuelo en tres ejes… El mismo tiempo que hace que se vendió nuestro querido Bingo. Entre eso y que este era mucho avión, Alfredo no pudo dejar de asistirme en todo el vuelo. Así que con eso de volar con la mano izquierda, los gases a la derecha, los pies intentando centrar la bola, el ojo izquierdo a los dos EFIS y con el derecho mirando fuera, alcancé un nivel de estrés considerable. De línea no es que sea de los más bonitos, pero es un pedazo de avión y la adaptación cuesta más de una hora… y más de cuatro.

Después de unas cuantas tomas y el cansancio que supone hacer unos tráficos (que dicho así queda muy pintón pero que no es más que completar el circuito de despegue, nueva aproximación y volver a aterrizar) por la concentración que me suponía este nuevo avión, sacamos el velero.

Hace años tiré una moneda al aire. Cara suponía hacer el curso de vuelo sin motor. La cruz sería irme derecho a Ocaña a sacarme la licencia de caída libre… Salió cara. Eso me llevó a Corral de Ayllón. Un campo enorme, con unas posibilidades enormes y que además estaba financiado con ayuda pública, puesto que le llegaban “donaciones” del Ejército del Aire. El caso que el ambiente allí no era de lo mejor y el día que conseguí despegar, volar y aterrizar sin que el instructor dijera esta boca es mía, con mucha pena lo dejé. De eso hace ya la friolera de 13 años, (leches! no lo había pensado) con lo que hoy volvía a reencontrarme con la sensación del vuelo a vela que detrás del ala delta, es el vuelo que más he disfrutado.

El avión que tienen en Fuentemilanos para estos menesteres es el Twin Astir. No es que sea de última generación precisamente, pero comparado con el viejo Blanik que me acompañó en Corral, desde luego que lo parece.

No os engañéis. El no disponer de motor no es sinónimo de vuelos cortos. De hecho se alcanzan grandes alturas y triangulaciones de 1.000 kilómetros por poner una cifra redonda. El plan consiste en que una avioneta, torno o similar (hace años en Robledillo utilizaban un viejo Simca 1000… en serio!) te ayude a ganar los primeros metros.

rally

Avioneta remolcadora Rally

A partir de ahí las condiciones del día y tu pericia marcarán la duración de tu vuelo. Todos hemos visto cómo buitres y otras aves vuelan en círculos. Básicamente están volando en “columnas” de aire más caliente que el aire que las rodea y ya sabemos que el aire caliente sube. Volando dentro de estas ascendencias conseguimos la altura necesaria para continuar nuestro vuelo. Ese aire no se calienta directamente por el sol. Es el aire que está en contacto con el terreno (que este sí que se calienta).

Bien, pues aunque ya sepamos cómo alargar nuestro vuelo, esto sigue sin ser fácil. En primer lugar las térmicas no se ven… obvio. En su día, cuando volaba en ala, se me ocurrió inventar unas gafas especiales que permitiera localizarlas… a día de hoy siguen sin desarrollarse… no debe ser tan sencillo. No queda otra que observar, y el suelo, por lo que comenté antes, puede darnos pistas. Una escombrera, cantera, terreno arado,… pueden ser fuente de térmicas. Desde luego no vamos a ira buscarlas encima de un pantano o un maizal. Aves, otros veleros y sobre todo las nubes. Esas sí que nos van a ayudar. Con el ala también era frecuente esperar al “one-tontin”. Dícese de aquel piloto que sale el primero al que los demás siguen visualmente y muy atentamente para conocer el estado de la atmósfera. Al primer indicio de ascendencia el resto corre como loco a colocarse el arnés para situarse en el despegue sin mucha espera.

cabina

Vista desde la cabina poco antes del remolque

Pero todavía la cosa puede estar más o menos complicada según el día. Aunque sepamos que hay térmicas todavía hay que cogerlas y centrarlas. Las térmicas hay que “leerlas” y para esto ya es necesaria una cierta experiencia en el aire. Tienen su barlovento y sotavento. Pueden estar más o menos rotas y ser más anchas o más estrechas. Pueden abrazarte o escupirte fuera. Precisamente el otro día no fue de los mejores. Únicamente conseguimos engancharnos a “algo” (en el argot “un pedo de mosca”) que nos permitió mantenernos un poco más en el aire. Retrasamos el descenso, porque lo que se dice ascenso como tal no hubo. Quizá ese sea uno de los grandes atractivos de este tipo de vuelo. Lo convierte en la modalidad más deportiva. Tanto en ala delta como en velero, el vuelo hay que construirlo y ya os digo que cuando las condiciones no son de lo más favorables, el conseguir mantenerte, ganar altura y permitirte un viaje por pequeño que sea, es de las mayores satisfacciones que uno puede tener ahí arriba. Ahí arriba y aquí abajo porque desde luego ese día duermes a pierna suelta.

Al final fue un bonito vuelo y el reencuentro me encantó. Para terminar el día todavía dio tiempo a unas cuantas aproximaciones con el CT y cuando ya lo guardábamos, Alfredo se dio cuenta que le faltaba el móvil. Así que de nuevo al avión para ir al campo de veleros, buscar el móvil que se lo había dejado en la cabina del Astir y de vuelta al campo origen para guardar el  CT. Total cuatro vuelos… muy aprovechadito el día 🙂

en vuelo

Llevar la lanita centrada parece fácil… pero eso… sólo parece.

Y ya que estamos, voy a poner el vídeo que hice el otro día volando en trike. Un gran momento… un gran triunfo!

Anuncios
Categorías: Volando voy | Etiquetas: , , , , | Deja un comentario

Navegador de artículos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: